El escritor incansable

Mario Noya, José María Marco & Horacio Vázquez-Rial

Mario Noya, José María Marco & Horacio Vázquez-Rial

Por José María Marco

Horacio Vázquez Rial era la cortesía en persona. Se ponía en el lugar del interlocutor –y muy especialmente del lector- con una naturalidad tal que muchas veces este no se daba cuenta del esfuerzo que Horacio estaba haciendo para argumentar, informar, aclarar y puntualizar. Entonces entraba en juego una ironía tan fina que convertía a Horacio Vázquez Rial en un personaje literario, alguien que viviera en un plano distinto del de la realidad común. Ahora que ya no está con nosotros, nos queda de él, además de su recuerdo y sus libros, esa forma de evadirse tan libre, tan limpia, tan elegante, y también tan comprometida con la vida.

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Horacio, amigo y maestro

Horacio Vázquez-Rial, agosto de 2012

Hace cosa de un mes compartíamos con ustedes novedades relacionadas con el cáncer que está pareciendo Horacio desde hace poco más de un año y que lamentablemente está entrando en su última fase. Horacio está muy débil físicamente pero fuerte de ánimo, cuidado y reconfortado por sus hijas y sus afectos más próximos (entre los que nos encontramos); nos llamó esta mañana por teléfono y conversamos..

Impresiona ver como Horacio se desenvuelve en sus rutinas a pesar de todo, la intensidad con que ha vivido cada minuto de un tiempo que, desde que le diagnosticaron cáncer, supo que sería muy breve.

Noticias sobre la enfermedad

Horacio Vázquez-Rial, julio de 2012. Gregorio Marañón, Madrid

Horacio Vázquez-Rial, julio de 2012. Gregorio Marañón, Madrid

Hace dos semanas que los familiares y allegados teníamos conocimiento de que habían aparecido lesiones metastásicas en el cerebro de Horacio. Tras la crisis y el primer shock de corticoides, Horacio se estabiliza y decide que será él quien llegado el momento, hará público su situación. Algo que ha hecho finalmente hoy sábado, 28 de julio de 2012, durante la siesta, por Facebook. Es un comunciado breve:

Queridos amigos:

Desde que el 12 de julio de 2011 escribí en este rincón íntimo/público que no podía más y me fui al Hospital Gregorio Marañón a que me diagnosticaran el cáncer de pulmón inoperable pero tratable que hasta ahora me ha ido acompañando, las  cosas no han ido de la mejor manera posible. O sea: podia haberse curado o reducido o encapsulado el cáncer de pulmón y ya. Pero eso ocurre en un cierto número de casos, no mayoritario. Lo más corriente es que aparezca alguna metéstasis antes de que se verifique el cierrre de la primera etapa.

Pues bien: así ha sido. Con el pulmón muy mejorado, lo suficiente como para poder hace un descanso en la quimio, aparecieron tres lesiones metastásicas en cerebro, que se me están tratando con radioterapia holoencefálica y después, según se vea, con cinco sesiones más de radiocirugía.

Me ayudan mucho los corticoides, tanto como me ocasionan trastornos. Me ladeo, me voy en falsa escuadra, de modo que para salir dependo de una silla de ruedas y aun en casa tengo que agarrarme de las paredes o de mis hijas, porque me caigo con inusitada facilidad.

Pero estoy bastante lúcido, sigo siendo buen conversador si no estoy dormido y se me puede venir a ver.

Un gran abrazo para todos.

Horacio

 

Horacio ha dedicado la vida a la lectura y a la escritura de una obra importante y consistente que incluye, hasta hoy, 34 libros de ficción, cuento y ensayo. Sin embargo parte de ella ya se encuentra descatalogada y tememos que cada vez le suceda a más libros suyos.

500 lectores vazquezrialistas

Obras completas de Horacio Vázquez-Rial en digital

Desde Pensódromo 21, como editores de Horacio Vázquez-Rial hemos puesto en marcha el proyecto de digitalizar su obra completa. Una obra importante y consistente; hasta hoy, 34 libros de ficción, cuento y ensayo, adaptando esta a nuevos formatos y nuevos escenarios.

Este proyecto implica la publicación de su obra completa tanto en formatos electrónicos como en formatos impresos de aquellos títulos que ya están descatalogados.

Para llevar adelante este proyecto buscamos a 500 lectores dispuestos a colaborar en este proyecto y pensamos que quizá tu puedes ser uno de ellos. 

Las guerras de toda la vida, por Horacio Vázquez-Rial

Todos aquellos que participen de esta iniciativa recibirán un ejemplar del nuevo libro de Horacio titulado Las guerras de toda la vida.

Se trata de una edición única en formato impreso y que no será comercializada por ningún otro canal. Las guerras de toda la vida recopila 10 relatos de Horacio sobre temas tales como la felicidad, el mal, la muerte, la grandeza, la pasión amorosa, la amistad, el prójimo, la soledad y el tabaco, que nacieron ya en línea, y con prólogo de Mario Noya.

Hay 3 modalidades posibles de participación:

  • Estándar: colaboración de € 50.-

Si participas en esta modalidad, te haremos entrega de 10 libros: un ejemplar en formato electrónico de los primeros 10 títulos que se publiquen (epub, mobi o pdf).

  • Plus: colaboración de € 100.-

Si participas en esta modalidad, te haremos entrega de 34 libros: un ejemplar en formato electrónico de cada una de las 34 obras de Horacio en formato digital, a medida que los vayamos publicando (epub, mobi o pdf).

  •  Premium: colaboración de € 500.-

Además de la entrega de las 34 versiones digitales ya mencionadas en la opción Plus y del ejemplar de Las guerras de toda la vida (que en esta opción incluye una dedicatoria personal de Horacio), esta modalidad incluye un ejemplar exclusivo de cada uno de los 34 libros impresos que se reediten, encuadernados en tapa dura (se trata de ejemplares únicos ya que el formato en tapa dura no se comercializará).

Para participar en este proyecto, por favor rellena este formulario.

El punto de encuentro de este proyecto en Facebook será Vazquezrialistas.

Quedo a tu disposición para cualquier aclaración o consulta (henry@pensodromo.com).

¡Muchas gracias por tu disposición a colaborar en este proyecto! También agradecemos tu colaboración en difundirlo entre tus amistades.

Vazquezrialismos

VazquezrialistasVazquezrialismo

Mario Kohan, lector y amigo de Horacio Vázquez-Rial, organizó hace más de un año este grupo en facebook llamado Vazquezrialismo, hoy con 33 miembros fundadores.

A partir de la idea de que «Los que habiendo leido La Izquierda Reaccionaria creen ver el germen de una concepcion de la realidad alejada de la prision de las definiciones conocidas».

Durante este tiempo hemos estado compartiendo en petit comité noticias e informaciones sobre nuestro querido escritor y amigo.

La muerte, es decir, la vida


Horacio & Pablo

Horacio & Pablo

Por Horacio Vázquez–Rial

Los amigos de Facebook lo saben. Mis lectores, aún no. Por eso lo escribo aquí hoy, acompañando unas reflexiones sobre la muerte, la mortalidad y la vida que les debo desde hace tiempo. Tengo cáncer de pulmón.

Sería un idiota si esto me cogiera por sorpresa, y un mentiroso si fingiera sorprenderme. He fumado más de cuarenta cigarrillos diarios durante medio siglo. Si fueran cincuenta, ya estaría contando por encima de los 900.000: Un millón de cigarrillos tituló su libro de recuerdos Marcello Mastroianni porque era lo que estimaba haber fumado en los 72 años que vivió. Bebió menos de lo que fumó, pero murió de cáncer de páncreas. Otros llegan a la misma situación sin haber inhalado humo de tabaco en su vida, por una inclinación genética o, quizás, un accidente de programación, pero es verdad que el tabaco mata.

Fue en la presentación del libro de Mastroianni, póstuma, por supuesto, donde empecé a pensar en esta cuestión, y hablé de ella largamente aquella noche con mi querido y admirado Imanol Arias, un hombre que lo entiende todo. Hace de eso ya catorce años. Yo tenía cincuenta y había visto unas cuantas cosas, muchas de ellas de muy joven, trabajando en un hospital de oncología.

En 1983 publicó José Agustín Goytisolo el último volumen de la colección de poesía Ocnos, en la que se habían ido recogiendo los poetas de la generación del 50 española e hispanoamericana. Era un libro del gran poeta cubano Pablo Armando Fernández, que el autor había titulado en origen Aprendiendo a vivir, y que José Agustín editó finalmente, tras una larga discusión, como Aprendiendo a morir. La idea era que lo que uno aprende en la vida es a morir, entre otras cosas, porque cuando la experiencia acumulada puede servirnos, suele ser tarde.

Tengo la convicción de que, si no hay interrupciones injustas debidas a la violencia o a desviaciones accidentales del destino, la naturaleza, creación perfecta, nos prepara con el correr de los años para la muerte. Así como se ha demostrado que la percepción del paso del tiempo se acelera a partir de los cincuenta por un proceso hormonal, se demostrará finalmente que cambia en el mismo sentido nuestra noción de la vida y de su final inevitable: si a los veinte es una idea horrible, abismal, a los sesenta se considera su posibilidad como algo mucho menos tremendo, y he visto gente mucho mayor morir por decisión o renuncia o simple cansancio.

Vengo de familias longevas por ambos padres, y siempre me asombró ver cómo sus miembros vivían como si fueran a ser eternos. Uno de mis tíos abuelos maternos tuvo a los ochenta una hija, nacida el mismo año que la mayor de las mías. Quedó huérfana a los quince, como era de esperar para todos menos para el padre, incapaz de darse cuenta de que no podría cumplir por entero su cometido. Vivir como si la vida no fuese un proceso con final no sólo es un error, sino que puede hacer daño a otros. Pero la gente vive mayoritariamente así porque la muerte le da miedo.

No tengo miedo a la muerte. Ninguno. Soy agnóstico, pero he vivido según la norma pascaliana, “como si Dios existiera”. No temo, pues, al juicio divino ni a la nada. Por razones culturales que no desprecio en absoluto, he nacido y moriré como católico, en la comunidad en la que fui acogido por el bautismo, despidiéndome serenamente confiado a la tradición, que puede resultar tan poderosa como la fe porque no creo en Dios, pero creo en los que creen.

Me da miedo el dolor físico. En el terrible Buenos Aires de 1973 y 1974, cuando dominaba la Triple A de López Rega, yo solía ir armado y dispuesto a disparar, tal vez al aire antes que a alguien, no porque creyera que podía defenderme de facinerosos habituados a actuar en grupo, sino para que me dispararan a su vez y me mataran, eludiendo así la consabida y segura tortura. Habría que estar tan preparado para el dolor como para la muerte, pero eso es privilegio de unos pocos elegidos por la disposición a la disciplina, como Lawrence de Arabia.

Me da miedo la miseria derivada del dolor, la vida inconsciente, la dependencia de personas o aparatos, la inmovilidad, el no valerse. Durante los diecisiete días que pasé en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, en su mayor parte sujeto a un tubo de drenaje, fui cuidado por mi familia, que sacrificó sus vacaciones y sus noches de sueño para estar conmigo. No quiero que las vidas de los demás se inviertan en mí, no es justo para nadie. Es una experiencia que ya hice. La primera vez, cuando aún no habían nacido mis hijas, superé una pancreatitis sujeto a una bomba que me vaciaba el estómago y lleno de morfina hasta las cejas. No pude decirle a nadie que no se tomara el trabajo de visitarme porque yo no me enteraba. La segunda, hace dieciocho años, tuve (o “hice”, como dicen los médicos con razón) un infarto. Fue breve y leve. Ahora estoy ante un enfermedad larga, salga de ella como salga, vivo o muerto.

Esta enfermedad no es algo personal, o ya no lo es. Lo fue al principio, en su misterioso desarrollo a partir de la suma de tabaco y depresión: uno “hace” su cáncer como somatización de un estado realmente espantoso, oscuro. Pero ahora, curarlo o no es cosa que se hará por medio del saber médico acumulado por la humanidad en su conjunto, por medio de un médico que reúne todo eso y lo aplica a este pobre cuerpo mío, ignorante y en decadencia desde hace mucho.

Tengo que estar dispuesto a soportar las consecuencias de los tratamientos de quimioterapia y, tal vez, de radioterapia. El cáncer, las células perversas que lo componen, tiene que morir por envenenamiento. Me van a dar veneno, químico o nuclear, en la esperanza de que mis propias células sanas sean más resistentes que las cancerosas; pero tendrán que resistir y eso no se hace sin esfuerzo. Es por eso que no pocos de los que han superado el trance se sienten orgullosos y consideran que esa resistencia es un mérito personal, que han “vencido” a la enfermedad. En realidad, la enfermedad es vencida por el veneno que la medicina ha aprendido a elaborar. O, por el contrario, ese veneno no consigue su cometido y el mal sigue proliferando y el enfermo muere, sin tener la menor culpa. No se trata, como me han dicho muchos, de tener una visión “positiva” del problema, aunque sepamos que la depresión hace daño.

Creo que eso es todo.

> Les invitamos a ver «Sombra de la noche«, con Horacio Vázquez–Rial. Un film escrito, producido y realizado por Pablo Odell y Horacio Vázquez-Rial, con la colaboración especial de Eduardo Montes-Bradley. Una conversación fragmentada sobre el tabaco, el fumar, la vida y la muerte.

> Vía Libertad Digital